miércoles, septiembre 17, 2008

Las dimensiones paralelas y el suicidio de David Foster Wallace

42339146.jpgSiempre que viajo tengo la extraña sensación de que vivo en una dimensión paralela pero ajena a “la vida real”. Me desconecto tan completamente de todo, a pesar de que veo noticias y leo el periódico, que las cosas parecen ocurrir más lejos de lo que ocurrirían si yo estuviera en lo que uno llama “casa”. No es que ocurran en otro planeta, ni en otro país, sino que ocurren exactamente allí, en mi vida que no es la de siempre pero en una dimensión paralela, en una dimensión ajena a la realidad. Ocurren “allá donde vivo” pero no ocurren “aquí donde estoy”. Como si la realidad cotidiana fuera la única “real” y la realidad pasajera de un viaje fuera irrealidad.

Quizás esa sensación viene de la desconexión o del rompimiento absoluto de las rutinas. Estar en otros lugares, ver otras gentes, comer de la manera en que uno no come usualmente, hacer cosas en otro horario… la realidad se trastoca. Ese rompimiento de la rutina muchas veces me parece mucho más agradable, aunque no sé cuánto tiempo sería capaz de soportarlo. Vivir sin horario, sin obligación, haciendo las cosas con una flexibilidad limitada de tiempo (es decir, hay un límite y es la fecha de partida). En fin, yo me entiendo.

Todo esto para decir que, en medio de un periódico me encontré una muy discreta nota sobre el suicidio de David Foster Wallace, un escritor bastante desconocido en nuestras latitudes. De toda la gente que conozco sólo hay uno que yo sé lo ha leído.

A Foster Wallace lo leí hace años. Un librito llamado Brief Interviews with Hideous Men (Entrevistas breves con hombres repulsivos). Lo leí (y me lo hice traer de los USA), porque había leído maravillas sobre el tipo. Me llamaron la atención algunas historias, su sentido bastante irónico y cáustico del humor y algunos recursos como la utilización de notas al pie de página o de un tono tan serio que no sabías si lo que leías era un ensayo, una nota de periódico o qué. Es un libro que todavía conservo, por cierto. No volví a atravesarme con nada suyo en el camino. Y tampoco volví a saber mucho de él.


En fin, la esposa lo encontró ahorcado en su casa el viernes pasado. Tenía 46 años. Y su novela Infinite Jest o La broma infinita fue incluida en una selección de críticos del Times como una de las mejores 100 novelas desde 1923 al día al presente.



martes, septiembre 16, 2008

Sin fecha de vencimiento

Una de las grandes lecciones de vida que me dejó mi padre, sin enunciarla expresamente, fue que la edad no es impedimento para hacer absolutamente nada. Tuvo su último hijo a los 63 años, compró su primera computadora a los 90, manejó hasta los 94 años y viajó y cruzó el Atlántico más de una vez todavía en su ochentena.

Mi padre no fue un hombre de sueños extraordinarios ni obsesiones rocambolescas, pero nunca tomó una actitud derrotista ante su edad. Creo que de hecho no tenía consciencia de ella. Aunque desde niña siempre le escuché decir que estaba “viejo” y que “ya se iba a morir”, duró todavía 40 años con una salud envidiable, sin hacer referencia precisa a sus años, sin celebrar su cumpleaños pero, sobre todo, sin permitir que su edad definiera lo que debía o no hacer en la vida.

Crecer junto a una persona así hace que uno asuma ciertas cosas como naturales. Heredé y asumí esa inconsciencia de la edad. Nunca celebro mi cumpleaños. Me siento bastante menor de los años que tengo. No he cambiado mis hábitos o actitudes nada más que porque el calendario dice algo que no siento. Trato de vestir “como yo” y no como “una persona de mi edad”. Cuando cumplí los 40, lo celebré haciéndome un par de tatuajes (y tatuarse es solo para jovencitos, ¿verdad?). Y no descarto otro tatuaje para conmemorar los 50.




Conozco a “ancianos” de 40 años que asumen una actitud derrotista y se ponen en plan de “las cosas que hay que hacer a nuestra edad”. A mujeres que creen a pie juntillas que de los 35 en adelante hay que, obligatoriamente y en una actitud de autocastigo, cortarse el pelo y dejar de teñirlo, que hay que vestir de colores oscuros y de manera discreta, quemar los blue jeans y las blusas con escote o sin mangas. Gente que renuncia a los planes y sueños de toda una vida porque considera que “ya el tiempo pasó” y se resigna a una rutina de vida que los consume en la frustración y en una vida gris y sin alicientes. Algo que me causa un rechazo visceral. De gente así, ancianos en cuerpos jóvenes, huyo como de la peste.

Estoy convencida de que detrás de la edad hay una actitud personal. Aquel dicho de que la juventud está en el corazón tiene mucho de cierto. Mantener esa juventud en el corazón es el resultado de un trabajo de autoobservación constante, un no rendirse ni dejarse abatir ante la vida, una manera de seguir creyendo en todo aunque el entorno se presente imposible. Mientras se esté vivo puede seguirse construyendo, soñando pero sobre todo realizando o, por lo menos, intentando realizar.


Es un esfuerzo constante y, no lo niego, difícil. Demasiadas veces dan ganas de rendirse, de bajar los brazos y decir “bueno, que la vida haga lo que quiera conmigo”. Pero nada me parece más dramático y triste como que alguien muera con la frustración o el arrepentimiento de las cosas no realizadas o ni siquiera intentadas.

La sociedad no ayuda. Vivimos en un tiempo donde se nos imponen distorsionados parámetros de belleza, inteligencia, capacidad y desarrollo. La belleza física parece que solo les corresponde a los menores de 20. Una persona que se enamore a los 50 o más años se supone ridícula. El amor no es para “los viejos”, mucho menos el sexo. Las empresas favorecen empleo para los menores de 30, muchas veces descartando a personas con más experiencia o preparación, solo porque ya pasan de cierta edad. Si hay recortes de personal en algún lugar, los mayores de 40 tiemblan. Para los escritores y artistas hay restricciones de edad para acceder a becas o a residencias.

Para las mujeres, el peso de la edad es todavía peor. Una mujer que esté sola a los 40 es señalada con términos despectivos como “solterona” o “cuarentona”. Si la menopausia la arrastra a la obesidad, está frita. Ni qué decir de su rostro, sus tetas o su trasero. Si las cosas no están en su lugar, se la condena a la soledad y al destierro emocional y aun así, encontrar pareja después de cierta edad es virtualmente imposible. Los hombres las prefieren jóvenes, muy jóvenes.

¿Y qué hacemos con nuestros mayores? Las más de las veces los toleramos con fastidio, nos burlamos de sus opiniones y de su manera obsesiva de recordar el pasado y, si podemos, los relegamos a asilos que degradan su condición de seres humanos al de simple estorbo biológico, donde con toda seguridad, su tiempo de vida se acorta por la depresión de verse relegados al ocultamiento y a pésimas condiciones de vida entre un montón de extraños.

Lo que más me llama la atención del constante desprecio que veo y vivo en carne propia sobre la edad es que, por lo general, viene de gente menor, de gente que no cumple todavía los 40. ¿Nunca se ponen a pensar que para ahí vamos absolutamente todos? ¿Y que, en último caso, todo ser humano, no importando si es hombre o mujer, no importando su edad ni su condición económica, racial, opción sexual, política o religiosa, merece simple y sencillamente nuestro respeto?

Pareciera como que si no lograste “el triunfo” antes de cumplir los 40, deberías de ir comprando tu ataúd y sentarte a esperar discretamente y en un rincón oscuro tu muerte, porque ya no estás en capacidad de hacer nada más.

Por desgracia, somos juzgados a partir de nuestra edad y no por nuestros talentos, nuestra personalidad y nuestras cualidades. Somos juzgados por nuestra apariencia, un parámetro de medida tan volátil que hoy somos requeridos y mañana despreciados. Olvidan muchos que las personas no tenemos fecha de vencimiento ni de descarte, muchos menos si viene impuesta desde afuera y por extraños.

Solo por eso, cuando cumpla 80, me tiro en paracaídas. Eso sí, abrazada a un guapo y musculoso galán, faltaba más.



(Publicado el domingo 14 de septiembre en Séptimo Sentido, La Prensa Gráfica de El Salvador).

jueves, septiembre 04, 2008

Una nueva etapa...

A partir de hoy este blog entrará en estado de irregularidad. Es decir, no podré actualizar con la frecuencia con que suelo. Motivos hay muchos, pero el principal es la falta de tiempo, que como suele pasarnos a muchos, debe invertirse más en esas tareas con que nos ganamos los centavos que en las cosas realmente placenteras y enriquecedoras.

No sé cuánto tiempo durará esto pero el blog no se cerrará del todo. Por lo menos estaré posteando las columnas quincenales, y seguramente una que otra cosa de vez en cuando.



Gracias por acompañarme como lo han hecho hasta ahora.

Y seguimos en contacto.

viernes, agosto 29, 2008

"La ciudad", Konstantin Kavafis

A veces uno lee un poema y dice "qué bueno". Luego, mucho tiempo después, uno lee el mismo poema, y nos sigue pareciendo "bueno", pero las circunstancias y la experiencia nos hacen comprender realmente la magnitud de su significado. Eso me pasó a mí esta semana releyendo esto de Kavafis.





Dices "Iré a otra tierra, hacia otro mar

y una ciudad mejor con certeza hallaré.

Pues cada esfuerzo mío está aquí condenado,

y muere mi corazón


lo mismo que mis pensamientos en esta desolada languidez.

Donde vuelvo mis ojos sólo veo

las oscuras ruinas de mi vida

y los muchos años que aquí pasé o destruí".

No hallarás otra tierra ni otra mar.

La ciudad irá en ti siempre. Volverás

a las mismas calles. Y en los mismos suburbios llegará tu vejez;

en la misma casa encanecerás.

Pues la ciudad siempre es la misma. Otra no busques


-no hay-,

ni caminos ni barco para ti.

La vida que aquí perdiste

la has destruido en toda la tierra.





(Traducción de José María Álvarez,

Poesías completas, Ediciones Hiperión, Madrid 1982).

jueves, agosto 28, 2008

Leyendo "La sirena", un cuento de Ray Bradbury

No me gusta ir al banco. De hecho, si hay algo que me desagrada hacer es gestiones y papeleos de cualquier tipo. Pero de un tiempo para acá, cuando voy al banco o a cualquier lugar donde sé que hay que esperar, hay algo “positivo” para mí: el tiempo de espera (que por lo general suele ser de una media hora) es casi que del poco tiempo “libre” que tengo para leer. Leer literatura, claro está.

Un día de estos tuve que ir al banco a hacer un reclamo pues me estaban cobrando dos veces más una compra que hice en el super. O sea, si no reclamaba, me la cobraban tres veces.

Un nuevo sistema de numeración para atender a los clientes en el Banco Nacional de San Pedro, menos que agilizar los trámites, ha hecho los tiempos de espera algo más largos pero también impredecibles, porque los números otorgados tienen combinaciones de números y letras y es algo así como una lotería saber cuál es el que sigue, pues no tienen un orden estrictamente numérico ni alfabético. Todo lo cual no me molestó en absoluto. Tenía conmigo Las doradas manzanas al sol de Ray Bradbury, que me lo encontré en liquidación a un precio de tirarse al suelo y tener risa convulsiva.

El primer cuento de ese libro se llama “La sirena”. Y qué cuento más precioso y a la vez, tan triste. Daban ganas de pararse en una silla, detener al banco completo y leerles el cuento para que todos lloráramos al unísono y volviéramos a sentirnos vivos, para que pensáramos en el amor, en la soledad y en el dolor de estar solos... ya me miraba sacada por los guardias con camisa de fuerza derechito para el manicomio o por lo menos para la Oficina de Investigaciones Judiciales (OIJ), como sospechosa de distraer a todos para seguramente planear un robo, o algo así.




No voy a decir de qué va el cuento, porque está tan bien escrito que lo que yo pueda decir al respecto no le haría justicia alguna. Mejor léanlo. No encontré una versión idéntica a la de mi ejemplar, que está en Minotauro, con traducción de Francisco Abelenda. Pero se podrán hacer una idea.

Nada más les reproduzco un fragmento (versión Abelenda). Y cuando lean el cuento completo, vuelvan y me cuentan.



–Los misterios del mar –dijo McDunn pensativamente-. ¿Pensaste alguna vez que el mar es como un enorme copo de nieve? Se mueve y crece con mil formas y colores, siempre distintos. Es raro. Una noche, hace años, yo estaba aquí solo, cuando todos los peces del mar salieron ahí a la superficie. Algo los hizo subir y quedarse flotando en las aguas, como temblando y mirando la luz del faro que caía sobre ellos, roja, blanca, roja, blanca, de modo que yo podía verles los ojitos. Me quedé helado. Eran como una gran cola de pavo real, y se quedaron ahí hasta la medianoche. Luego, casi sin ruido, desaparecieron. Un millón de peces desapareció. Imaginé que quizás, de algún modo, vinieron en peregrinación. Raro, pero piensa qué debe parecerles una torre que se alza veinte metros sobre las aguas, y el dios-luz que sale del faro, y la torre que se anuncia a sí misma con una voz de monstruo. Nunca volvieron aquellos peces, ¿pero no se te ocurre que creyeron ver a Dios?

martes, agosto 26, 2008

En Nicaragua

Portada nuevo amanecer 23082008.jpgEl fin de semana pasado fui honrada con ser portada del suplemento "Nuevo Amanecer Cultural" de El Nuevo Diario de Nicaragua, uno de los suplementos con los que colaboré bastante durante mis años de habitar en aquel país.

El motivo de la portada fue la reproducción del generoso comentario que hiciera Lilian Fernández Hall sobre mi reciente libro El Diablo sabe mi nombre y también el comunicado de prensa de Uruk Editores de Costa Rica, sobre su exportación de libros por la región.


Por ello y desde aquí, mis agradecimientos a Eunice Shade, a Lilian Fernández y al "Nuevo Amanecer" por las gestiones y la deferencia.

lunes, agosto 25, 2008

El camino

8011.jpgHacer cine en Centro América es una hazaña tan grande, que cuando alguien se aventura a filmar un largometraje, son muchas las expectativas sobre el resultado. Es una constante en dichas hazañas la limitación de medios, sobre todo económicos, que a veces alargan durante mucho tiempo las producciones o limitan algunos asuntos de calidad estrictamente técnica. Hay buenas ideas, buenas historias. Hay también personal calificado y con el talento para llevar a cabo tales empresas.

Cada película filmada y producida en Centro América resulta en ese sentido un auténtico triunfo. Pero eso no la exime de los posibles fallos y limitaciones del resultado final. Hay quienes tienden a ser muy benévolos y disculpar todo tipo de errores. Se hizo la película y es lo que importa, no el resultado, parece ser el lema de algunos. Para otros, la temática planteada puede ser el punto de disculpa.

En el caso de El Camino, de la costarricense Ishtar Yasin, las expectativas eran mucho más altas, debido a que primero se estrenó en varios países y festivales de cine alrededor del mundo y no es hasta un año después de su producción final que la película se estrena en Costa Rica. En algún momento pensé que quizás la estrategia partía de aquel lamentable dicho nuestro de que “nadie es profeta en su tierra” y que Yasin sentía necesidad de validar su película en el extranjero para estrenarla finalmente en Costa Rica. Esto son meras especulaciones mías, conste. Porque la verdad ignoro por qué se estrenó tan tarde acá. En todo caso, me fui con la mejor de las intenciones al cine. Pero salí bastante decepcionada.




El camino narra la historia de Saslaya, una niña que decide un día, cansada de los acosos sexuales de su abuelo, irse de Nicaragua a Costa Rica a buscar a su madre, quien habría migrado varios años antes y de quien apenas tienen noticia. La niña se lleva a su hermano Darío, quien es mudo. El padre de los niños murió hace mucho y parece no haber más familiares. Juntos, los niños comienzan un viaje atravesando Nicaragua, enfrentando diversas circunstancias y conociendo numerosas personas, algunas de las cuales tendrán (predeciblemente) influencia en los sucesos finales de la historia.


La película descansa más en imágenes que en diálogos, y esto puede hacer que el ritmo de la película sea algo lento. A pesar de ello, la trama se transmite bien. Creo que la pobreza de las condiciones de vida de miles de nicaragüenses queda bien retratada y para ello no se utiliza un discurso lloricón. Hasta allí estamos bien.

Sin embargo, hay ciertos recursos y elementos visuales utilizados en la película que me parecieron lugares comunes. Por ejemplo, cada vez que Saslaya llega con Darío a algún lugar, siempre hay una feria, una fiesta, una banda tocando música, etc. Parecería que nuestros países viven en una perpetua parranda. El simple transporte de una virgen en el barco que viaja a San Carlos de Nicaragua, se transforma en procesión (con banda de música y cohetes incluidos) llegando a puerto, y culmina con una quema de incienso que deja la pantalla en blanco durante un tiempo demasiado largo para mi gusto.

Y luego hay un recurso que sinceramente no me gustó para nada. Un par de hombres encuentran una mesa cualquiera en el botadero de Acahualinca de Managua, y se la llevan. A esos hombres los estaremos viendo en varios momentos de la película, es decir, atraviesan toda Nicaragua con esa mesa vieja y hasta cruzan ilegalmente la frontera tica con la mesa. Como recurso visual es válido, pero creo que se les pasó la mano, porque era algo absolutamente ilógico ir a sacar una mesa vieja de un botadero de basura y cruzar con eso todo un país y hasta la frontera. Ya cuando vi esa escena estuve a punto de irme.

Quizás, en el fondo y ahora que lo pienso, la película esté más dirigida a un público foráneo que a uno local (y quizás por eso la paciencia de presentarla tanto tiempo después en Costa Rica). Es decir, el intento es el de hablar sobre los efectos de las migraciones en los seres que quedan atrás, en las familias incompletas, en los dramas de los niños que tienen que crecer sin sus padres a merced de situaciones que son amenazantes para ellos.

Luego de todas las buenas opiniones sobre El camino y el par de premios que la película ha ganado, me queda un sabor contradictorio. Es un triunfo, es cierto, y un gran esfuerzo, haberla filmado. Pero en lo personal, la película no me tocó pese a mi profundo interés en el tema de las migraciones, pese a conocer Nicaragua y vivir en Costa Rica. Faltó algo o quizás hubo demasiado. El final se me hizo muy predecible.

Pero no me hagan caso. Como escritora creo que estoy demasiado conciente de los andamiajes y las estructuras de las historias como para dejarme llevar por sus finales o intenciones. Véanla y me comparten su opinión.

jueves, agosto 21, 2008

Recomendaciones

-"Al centro y violento", una entrevista con Horacio Castellanos Moya en Radar Libros.



-La Revista Ping Pong No. 8 ya está en línea. Con poemas de los participantes del VII Festival Internacional de Poesía de Costa Rica entre varias cosas más.



-José Saramago ha terminado de escribir su última novela. Por simacito no lo logra pues estuvo bastante mal de salud durante su escritura. Se llama El viaje del elefante y hay un fragmento de la misma en su página web.



-Y si tiene Cinemax, no se pierda esta noche a las 9:15 p.m. (hora centroamericana), Festival Express, un documental sobre el tren que recorrió Canadá en junio de 1970, con varios músicos como Janis Joplin, The Band y Grateful Dead.



-Y para que se vayan poniendo en ambiente: Janis Joplin junto a Big Brother and the Holding Company con "Combination of the Two". Y recuerden: "El tequila es para continuar" (Janis Joplin y la Cayetana dixit)... ;-)



miércoles, agosto 20, 2008

Yoda, el gato con cuatro orejas

468x699.jpgValerie y Ted Rock se encontraban de visita en un bar cerca de su hogar en Chicago, cuando notaron una jaula sobre la barra y a la gente pasando un gato de unas manos a otras. El dueño le estaba buscando un hogar.

Los Rock recién habían enterrado a un gato que tenía poco más de 20 años de vivir con ellos y estaban tan dolidos que habían decidido no tener ni un gato más. Pero entonces les pasaron al minino y éste se echó a dormir sobre la nuca de Ted. Eso fue suficiente para fascinarlos, pese a que el gato tenía “un pequeño detalle”: tenía 4 orejas.

Cuando lo adoptaron decidieron llevarlo a un veterinario para que examinara la situación. El veterinario admitió no haber visto jamás antes un caso igual. Decidieron llamarlo Yoda, en honor al personaje de La guerra de las galaxias.

Yoda vive una vida muy normal. Es muy sociable, le fascina el pan y es poco vocal. Valerie apenas se da cuenta que está ronroneando cuando le pone un dedo sobre la garganta para sentir la vibración.



En internet pueden encontrarse varios de estos curiosos casos de gatos con cuatro orejitas. Según una página bastante exhaustiva sobre curiosidades médicas felinas, dichas orejas extra no tienen capacidad auditiva y son mutaciones genéticas. En los años 50 se creía que estas mutaciones afectaban el cerebro de los gatos, pero variados casos en diversos países del mundo lo desmienten. Y salvo casos bastante excepcionales, dichos felinos suelen llevar una vida absolutamente normal.

martes, agosto 19, 2008

¿El trabajo ennoblece...?

Hay épocas en que me siento con la cabeza en blanco y no acude ningún pensamiento a mi. Como si el viento no soplara, como si todo se hubiera detenido.

En esos momentos, el blog sufre.

Estoy segura que necesito unas buenas vacaciones, de esas de estar un mes (sí, 30 largos días) tendida en alguna playa, por ejemplo, y no hacer nada, no preocuparse por nada, no estar centaveando ni angustiada por las finanzas ni por los tiempos por venir, de no leer, no escribir, no ver computadoras, correos ni noticias, 30 días para ser y estar.

Nada más ser y estar.

Y que los pensamientos viajen dentro de mi cabeza como barquitos de velas blancas en un soleado día de verano, cielos celestes y nubes en forma de conejitos.

Es en días así cuando atracan trasatlánticos en mi cabeza, barcos con historias grandes y pequeñas, con pequeños ratoncitos de palabras que se esconden y que yo tengo que perseguir por pasillos y agujeros pero que termino encontrando y hasta haciéndonos amigos.


Repito: necesito bien urgente unas vacaciones largas.

Pero por ahorita, ni pensarlo.

De vuelta a la esclavitud.



¿Quién fue el idiota que dijo que el trabajo ennoblece al hombre?

Quizás se confundió, o alguien lo escuchó mal. Debe ser que dijo: el trabajo embrutece al hombre.

Me siento el vivo ejemplo de eso.

lunes, agosto 18, 2008

¿Dónde están los editores salvadoreños?

En los últimos días de julio, en el marco de la Feria Internacional del Libro de Guatemala (FILGUA), cuatro escritores salvadoreños presentamos tres novelas y un libro de cuentos.

Rafael Menjívar Ochoa presentó Trece, Vanessa Núñez Handal, Los locos mueren de viejos y Jorge Galán El sueño de Mariana (de la cual esta misma revista presentó un generoso avance hace un par de semanas). Todas fueron publicadas en la guatemalteca F&G editores, uno de los sellos más consolidados de la región y que comienza a proyectarse internacionalmente.


Yo presenté mi libro de cuentos El Diablo sabe mi nombre, publicado en Costa Rica por Uruk Editores, un pequeño sello independiente que ha firmado un visionario acuerdo con Fondo de Cultura Económica para utilizar su estructura y poder distribuir sus ediciones en toda la región.

A esta lista de salvadoreños publicando fuera del país podemos agregar a Horacio Castellanos Moya, Claudia Hernández (quien ha publicado en Guatemala también) y Róger Lindo quien publicó su excelente primera novela El perro en la niebla, en una editorial de España.

Esta lista creciente de salvadoreños que publicamos en el exterior, si bien es motivo de celebración, debe servir también como un espacio de reflexión. Porque lo cierto es que detrás de esto hay una verdad contundente: si no publicáramos nuestros libros fuera del país, ya no publicaríamos nada. ¿Por qué? Pues porque en El Salvador, simple y sencillamente, no hay espacios de publicación.

Desde hace demasiados años el sector editorial salvadoreño está tan deprimido, que muchos de los escritores nacionales han optado por la auto publicación como único recurso para dar a conocer su trabajo.




Una de las editoriales que casi a marcha forzada publica algunos pocos títulos al año es la Dirección de Publicaciones e Impresos de Concultura, la cual se ha enfocado en autores noveles a través de la serie “Nueva palabra”, pero que ha descuidado la continuidad de otras de sus colecciones importantes, como “Ficciones” o la colección de poesía.

Clásicos Roxil, hasta donde sé, continúa con su línea de libros de texto y quizás algún que otro título nuevo del cual a duras penas nos damos cuenta. Y creo que ahí se para de contar en cuanto a publicaciones de ficción de autores nacionales.


Desafortunadamente siempre que se toca el tema, los editores o los involucrados en esta área se ponen a la defensiva y para justificar la escasa producción editorial recurren al trillado pretexto de que “en El Salvador no se lee”. A este problema se agregan la falta de distribución y de difusión de la obra nacional.

Por desgracia da la impresión de que hay una actitud de cruzar los brazos y de no empeñar ni el mínimo esfuerzo para dar a conocer el libro salvadoreño, dentro ni mucho menos fuera del país, como si eso no valiera la pena hacerse. Y daré dos ejemplos.

En la Feria Internacional del Libro de Costa Rica, celebrada a fines de junio de este año, se instaló un pabellón centroamericano, para resaltar las publicaciones de cada uno de nuestros países. Pero la Cámara Salvadoreña del Libro hizo algo que me resulta enigmático: llevó libros solamente en exhibición. Peor aún, varios de los libros no fueron facilitados por las editoriales sino que pertenecían a bibliotecas personales de dos o tres personas que generosamente los prestaron.

En la FILGUA (que se está proyectando como la feria del libro más importante de Centro América), no hubo representación de ninguna editorial salvadoreña, a excepción de UCA Editores. La Cámara Salvadoreña del Libro brilló por su ausencia.

Que se desaprovechen vitrinas de gran público como las ferias del libro o que no se publique literatura en El Salvador, me parece el reflejo de una falta de visión de las instituciones salvadoreñas, incluida la empresa privada. Si bien publicar libros no es una actividad tan lucrativa como lo es vender pollo frito o hamburguesas, invertir en la cultura de un país consolida un capital humano con valores morales y estéticos que buena falta nos hacen.

Estoy segura de que en El Salvador hay suficiente dinero como para fundar una editorial que se dedicara a publicar, de manera consistente, novelas, cuentos, poesía y toda la abundante cantidad de literatura salvadoreña que se produce actualmente. Si lo han logrado otros países de la región, ¿por qué no nosotros?

Supongo que la Cámara Salvadoreña del Libro podrá emitir explicaciones para justificar su ausencia y/o asistencia a ferias del libro para sólo exhibir libros prestados; los escasos editores que subsisten tendrán también su lista de motivos por los cuales tienen cerrada la publicación de autores salvadoreños.

No puedo evitar pensar que el problema de fondo es que falta interés por parte del gran capital y del Estado mismo. Y sobre todo falta respeto, valoración y aprecio por la obra de nuestros autores contemporáneos.

Pongo mis manos al fuego por esto que voy a decir: El Salvador se da el lujo de tener un grupo de autores que escribe, no sólo con constancia, sino con un nivel de calidad indiscutible. Lo hacemos contra viento y marea, sin estímulo alguno y sobre todo, porque la literatura es nuestra vocación personal.


Es lamentable que el lector salvadoreño no tenga acceso a la obra de sus escritores, porque éstos se ven obligados a publicar fuera del país y porque los que aún se llaman “editores”, prefieren optar por lo fácil y lo seguro, que son los textos escolares, sin apostarle a la literatura nacional.

Nuestros editores prefieren promover, de manera indirecta, la fuga de nuestros cerebros literarios al no publicarlos. Y lo lamento en particular por los nuevos escritores que, ansiosos e ilusionados, con sus libros bajo el brazo, tendrán un camino más que difícil para dar a conocer su obra.

Que no le quede duda a nadie: los escritores nacionales estamos haciendo nuestro trabajo, que es escribir. Y lo estamos haciendo muy bien. Pero ¿los editores están haciendo el suyo? ¿Dónde están los editores salvadoreños?



(Publicado ayer en "Séptimo Sentido" de La Prensa Gráfica, columna "Gabinete Caligari").

viernes, agosto 15, 2008

Recomendaciones

-Carátula No. 24 en la red: cuentos del guatemalteco Eduardo Halfon, un capítulo de la novela del nicaragüense Ramiro Lacayo entre otras cosas más.



-Una nueva revista digital, Genérica, Instintos del Arte. Se descarga en pdf en la parte inferior.



-Se anuncia el Blog Action Day 2008 para el 15 de octubre. El tema de este año: "la pobreza".



-Escudos hasta en la sopa:

Un comentario de Lilian Fernández Hall sobre la FILGUA (que incluye una de las mejores fotos que me han tomado en la vida), en Letralia.



También de Lilian Fernández, una extensa reseña sobre El Diablo sabe mi nombre en la revista Almiar.



Entrevista en C.A. 21 hecha por Vanessa Núñez Handal.



Allí mismo, una reseña sobre El Diablo sabe mi nombre de Manuel Bermúdez, publicada originalmente en el periódico El Semanario de la Universidad de Costa Rica.





-Y solo porque sí:: "Romeo and Juliet" de Dire Straits.





jueves, agosto 14, 2008

Los cristales soñadores de Theodore Sturgeon

cristalesonadores.jpgPocos días antes de salir para Guatemala me di una vuelta por un par de librerías para mandarle unos libros de regalo a un amigo que vive en El Salvador. En esa búsqueda me topé con la sorpresa de que una librería había sacado varios libros de la editorial Minotauro a precios de remate. Entre las joyas que encontré estaba Los cristales soñadores de Theodore Sturgeon.

Luego de consultar con mi amigo para saber si le interesaba, si lo conocía o si ya lo tenía, volví a la librería para comprarle su respectivo ejemplar y me entretuve más tiempo viendo bien todos los títulos, por si hallaba algo más. Y vaya que lo encontré. Por fin, después de años de búsqueda, pude encontrar Solaris de Stanislaw Lem, uno de esos grandes clásicos que uno DEBE leer y que no había tenido el chance.


Mi dicha sería completa si se apareciera en mi camino La guerra de las salamandras de Karel Capek, el escritor que por primera vez utilizó el término “robot” en una de sus novelas. El término, sugerido por su hermano para una de sus obras teatrales, se supone viene del checo “rabota” que significa “trabajo”.

Ahora todo es que tengamos tiempo para leer, leer, leer...




Cuando compré mi copia de Los cristales soñadores tuve que ir después al banco precisamente a comprar unos dólares para el viaje. Así es que ahí mismo la comencé a leer y me pegué una enganchada que no pude soltar el libro hasta casi llegar a la mitad en el mismo día. Me lo llevé a Guate, aunque allá leí poco y lo terminé de leer en los dos días siguientes de mi viaje. Pero si mis circunstancias hubieran sido otras, estoy segura que lo hubiera leído en dos sentadas, porque así de fascinante resulta.

Theodore Sturgeon fue un autor estadounidense de ciencia ficción. Llegó a escribir guiones para la famosa serie Star Trek. Su nombre quizás no es tan conocido como el de otros autores del género. Pero no por ello es “un autor menor” ni mucho menos despreciado. Si hay alguien que habla muy bien de él es Ray Bradbury. Y Kurt Vonnegut Jr. admite que Sturgeon es una de sus influencias.


Pese a que la ciencia ficción fue el fuerte de este autor, se me hace difícil pensar en Los cristales soñadores como perteneciente al género. Pero luego, también hay que admitir que géneros como la literatura fantástica o la ciencia ficción se han estirado a tal punto que no pueden limitarse a características definidas. En fin, no soy una que se detenga en las clasificaciones.

Ésta es la primera novela de Sturgeon, publicada en 1950. Cuenta la historia del huérfano Horton, quien desde pequeño está inexplicablemente ligado a un muñeco llamado Junky, que tiene como ojos dos cristales. Horty (como se conoce a Horton), huye de la casa de sus padres adoptivos y termina viviendo con un grupo de “freaks” o fenómenos de feria. La feria está dirigida por Pierre Monetre, conocido como El Caníbal. El capítulo 5 del libro, y que es el que cuenta la historia de este personaje, es de las mejores cosas que he leído en años.

No cuento más porque luego me acusan de contar toda la historia y estropearles la lectura (o la película, dado el caso). Pero bueno, ésta es una novela que vale la pena leerse y cuya lectura he disfrutado muchísimo. Le encantará a todo aquel que ande en la onda de la fantasía y la ciencia ficción.

martes, agosto 12, 2008

Shine a Light: the Rolling Stones vistos por Martin Scorsese

SY140.jpgA Martin Scorsese se le ocurrió un día filmar un concierto de los Rolling Stones. Los rockeros estuvieron de acuerdo. Ahí comenzó todo: llamadas telefónicas a través del mundo donde Scorsese y Mick Jagger discuten por el escenario, por las cámaras pero sobre todo, por la lista de las canciones que van a tocar. A Scorsese le urge tener esa lista para poder planificar cómo van a moverse las cámaras. Hay tres listas de las canciones a cantarse: las probables, las que no quieren cantar, la segunda o tercera opción. Scorsese desespera. Se quita y se pone los anteojos totalmente nervioso. A Jagger no le gusta el escenario. Scorsese insiste en la lista de canciones. Jagger en un avión hace listas y listas.

Scorsese, con la meticulosidad del perfeccionista, quiere poder planificar cada detalle. Los Rolling, bueno, actúan más de acuerdo a cómo se sienten el mero día de los hechos.

Finalmente, ya puestos todos en el Beacon Theater de Nueva York, organizado el concierto para la Fundación Clinton, los Rolling Stones saludan al viejo Bill, a la casi presidenciable Hillary y a 30 invitados de los Clinton, antes de que llegue el momento de la música.

Bill Clinton los presenta. Entre bambalinas, Martin Scorsese todavía no tiene la lista de las canciones del concierto. Al fin se apagan las luces, una voz anuncia a los Rolling Stones y en ese preciso instante, le pasan la lista de canciones a Martin. ¿Por qué era tan importante? Porque si comenzaban con una canción cuya intro son guitarras, las cámaras tendrían que enfocar a Keith Richards y Ronnie Wood, pero si era alguna otra que comenzara, por ejemplo, con un solo de piano, habría que enfocar a Mick Jagger.

Pero en efecto, empiezan duro, muy duro, con “Jumping Jack Flash”.




Shine a Light es la filmación de este realmente estupendo concierto de los Stones. Porque hay que admitirlo: yo soy fan de los Stones, pero he visto algunos conciertos donde de pronto como que hay versiones que decepcionan o que no se cantan con tanta potencia o tiene altibajos. En este caso, Scorsese estuvo de muchísima suerte y logró atrapar no solamente un gran concierto sino la potencia y la inspiración que todavía mueve a estos reyes del rock.

Keith Richards toca con toda inspiración su guitarra. Ronnie Wood hace lo suyo. El siempre serio Charlie Watts, desde la retaguardia de la batería, no ha perdido su ímpetu. Y Mick Jagger se mueve serpentino sobre el escenario y canta con la voz intacta.

Hay invitados. Buddy Guy acompaña al grupo para cantar “Champagne and Reefer” (“Champaña y marihuana”), Jack White de The White Stripes alterna con Jagger en “Loving Cup” y Christina Aguilera aparece para una versión de “Live with Me”.

En lo personal, me encantaron las versiones de “Tumbling Dice” y “As Tears Go By”, por cierto, dos de mis canciones favoritas de ellos.

El material incluye algunos cortos de entrevistas a través del tiempo y de la historia del grupo. Es curioso cómo una de las preguntas más frecuentes que quizás se les han hecho es ¿por cuánto tiempo seguirán haciéndolo (es decir, cantando y de gira)? Ellos contestan que siempre. Alguien les pregunta al jovencísimo Jagger ¿se miran haciendo esto cuando tengan 60 años? Sí, contesta Jagger, sin duda alguna.

Y aquí están, sus reales majestades del rock, para quienes la música es una forma de vida y no un asunto de edad. Como debe de ser.



El DVD incluye material de los preparativos del concierto y 4 o 5 canciones que no fueron incluidas en el corte final.


¿Y cuál es el próximo proyecto musical de Scorsese? Un documental biográfico sobre George Harrison. Pero para eso tendremos que esperar hasta el 2010.

lunes, agosto 11, 2008

El blog de George Orwell

orwelldiaries.jpg





Si, leyó bien. George Orwell, el escritor inglés autor de 1984 y Granja de animales, inició un blog el pasado sábado 9 de agosto. ¿Cómo es eso posible?

The Orwell Prize en asociación con The Orwell Trust decidieron publicar las entradas de los diarios de George Orwell en forma de blog, haciéndolo coincidir con las fechas reales de su escritura. Esto como una celebración de los 70 años del inicio de la escritura de los mismos. Dichos diarios comienzan el 9 de agosto de 1938 (de ahí que el proyecto iniciara el pasado sábado).


Los diarios tienen muchas anotaciones de su vida doméstica pero también muchas apreciaciones políticas y del oficio literario, que de seguro servirán para conocer mejor al autor. Las entradas se extenderán hasta el 2012 (los diarios de Orwell se extendieron hasta 1942).

Lo novedoso del asunto no es solamente que se haya decidido hacer esto en forma de blog, sino que los diarios se habían mantenido inéditos hasta ahora.

El blog está en inglés, pero si tiene a alguien cercano que hable el idioma y le pueda traducir a grosso modo las entradas, creo que valdrá la pena. La entrada del pasado sábado se refiere a una culebra que encontró en su jardín, y de cómo el perro de los Orwell, llamado Marx, se asustó al verla.

En lo personal, me parece genial dar a conocer los diarios de Orwell por fin de esta manera. Un uso muy acertado de la tecnología y además, con la sensación para los lectores de "escritura en tiempo real".

Será un auténtico lujo leer algo nuevo de Orwell cada día.

viernes, agosto 08, 2008

Para leer y escuchar

-"De cuando la literatura era peligrosa" de Horacio Castellanos Moya en Babelia.



-"El futuro no es nuestro: narradores de Latinoamérica nacidos entre 1970 y 1980", en Pie de Página. Selección de Diego Trelles Paz.



-Una cancioncita para conjurar el pasado: "Hurdy Gurdy Man" de Donovan.







-Una cancioncita para conjurar los amores imposibles: "Love is a losing game" de Amy Winehouse (con dedicatoria especial para JL).





jueves, agosto 07, 2008

Paprika

paprika.jpgLos amigos del animé estarán de fiesta este mes de agosto pues Cinemax estará presentando, cada miércoles, una película de este género tan popular.

La primera, presentada anoche, fue Paprika de Satoshi Kon. Kon es el escritor y director de otros populares animés como Tokyo Godfather’s y el primer segmento de Memorîzu, que hemos comentado por aquí antes.


Paprika es una historia “simple” con una representación tremendamente compleja: el DC Mini, una máquina en fase experimental que permitiría a terapeutas entrar en los sueños de sus pacientes para ayudarles a sanar patologías psiquiátricas, ha sido robado. El ladrón está interviniendo en los sueños de los científicos, pero también en los de otros, incluso en los sueños colectivos. No sólo hay que descubrir al ladrón, sino por supuesto, detenerlo.

Me parece que éste es el animé más complejo que yo haya visto y confieso que hubo momentos en que me perdí, pero creo que ésa es un poco la intención del director. Donde el espectador se pierde es en saber cuál es la realidad y cuál el mundo de los sueños, qué es lo que se sueña en lucidez y qué en el dormir, cuáles son nuestros íntimos sueños individuales y su simbología personal que solamente nosotros podemos comprender, y cuáles son los sueños de la colectividad (sea del grupo familiar, de los amigos, de los colegas, de los habitantes de la ciudad).




Sin duda, Paprika destaca por su abundante y excelsa representación visual. Si en otros animés el cuidado del detalle es lo que destaca, acá es la abundancia de figuras, sobre todo en los segmentos en que hay algo así como un desfile de personajes soñados, donde pueden verse todo tipo de figuras, muchas de ellas conocidas como representativas de la cultura japonesa: maneki nekus, ranas, muñecas, robots desfilan con frecuencia junto a los personajes que, en el mundo onírico, buscan resolver quién ha robado el DC Mini.

Sin embargo, me parece que lo mejor de la película es ese ir y venir entre la realidad y el sueño y el no poder saber, en casi toda la película, cuándo se estaba “en lo real”. Muchas veces, ni los personajes mismos lo saben. Así mismo, los desdoblamientos y las verdaderas naturalezas personales, que parecen ser las que ocurren allá, al otro lado de la realidad, nos recuerdan todos los pliegues que cada quien guarda y tiene, y que quizás apenas deja salir en el mundo no real.

Paprika plantea la importancia que tiene “el otro mundo”, es decir, aquel que ocurre en nuestro subconsciente, en nuestras noches, ese mundo donde nos desdoblamos, somos y no somos nosotros, un mundo que debe tomarse con tanta seriedad y considerarlo tan real, como éste en el que creemos estár lúcidos y despiertos. El obrar a nivel conciente en ese mundo de sueños hace referencia sin duda también a los viajes astrales y por lo tanto, la insinuación de un contenido esotérico de la experiencia del sueño no puede excluirse de este animé.


Pregúnteselo: ¿está usted realmente despierto? ¿O es este momento el sueño de usted mismo?





Las siguientes películas a presentarse serán:

Miércoles 13: Appleseed

Miércoles 20: Metrópolis (¡altamente recomendable!)

Miércoles 27: Tekkonkinkreet


Busque su programación local para los horarios. En Centro América correrán en el horario estelar de las 9 p.m. en Cinemax.

martes, agosto 05, 2008

Confesiones de una insomne crónica

Siempre he dicho, medio en broma y medio en serio, que yo nací con insomnio. No es una exageración. Muchos de mis primeros recuerdos son mi cuarto infantil, en la oscuridad, de noche, el silencio de una casa donde todos duermen, la angustia de saber que están pasando las horas, y que ese silencio crece y es interrumpido sólo por el incesante cantar de los grillos. Es casi inexplicable la sensación de melancolía que me producía escuchar un carro pasando en la carretera y cuyos faroles hacían crecer sombras de luz en mi cuarto, sombras que se tornaban gigantescas a medida que el carro se acercaba a mi ventana que daba a la calle, y que disminuían, junto con el ruido del motor que se alejaba, dejándome otra vez en la oscuridad y en mis angustias.

Mi madre me enviaba a la cama a las 8 porque, viviendo en Los Planes de Renderos, debía levantarme a las 5 y media de la mañana para poder estar en el colegio a las 7, aunque las clases comenzaran a las 7 y media. En casa, eso de la puntualidad se tomaba con tal severidad que no tuve más remedio que asimilarla y convertirla en un vicio que mantengo hasta el día de hoy. Por eso de mí se dirá cualquier cosa, menos que soy impuntual.

Mientras yo estaba en mi cama intentando sin éxito alguno dormir, escuchaba los programas de televisión que mis padres miraban en la sala. Mi padre se acostaba antes y mi madre se quedaba despierta, muchas veces hasta las 10 u 11 de la noche. Entonces ella apagaba la luz de la sala y se acostaba, y la casa toda se llenaba de oscuridad y silencio.




Quizás por eso tampoco me gustó la oscuridad que se convirtió en uno de mis grandes terrores infantiles. Mi terror era superlativo. Entrar a un cuarto oscuro me causaba taquicardia y un vacío en el pecho. No me gustaba sentarme al borde de la cama y que mis piernas quedaran colgando a merced de ese espacio oscuro entre la cama y el suelo. Imaginaba que allí, justo debajo de mi cama, había una puerta invisible desde la cual el diablo mismo podía salir a jalarme por los pies o por lo menos asustarme tocándome con una mano peluda.

Con los años y con mucha dificultad, fui superando el horror a la oscuridad, pero jamás el insomnio, que fue mi secreto infantil mejor guardado y que se ha convertido en un compañero fiel de toda mi vida, algo con lo que he aprendido a convivir. Cada tanto reaparece y cada crisis es diferente.


De hecho nunca duermo bien y tengo hábitos de sueño fuera de lo común. Por lo general me acuesto a las 10, paso media hora o más pensando tonteras antes de dormir. Duermo 30 minutos, despierto y vuelvo a dormir. En el transcurso de la noche me despierto por lo menos dos o tres veces. Y en dependencia del lugar donde viva, depende la hora de mi despertar. Cuando vivía en Managua, por ejemplo, era imposible dormir después de las 6 de la mañana, porque a esa hora ya hacía calor.

¿Poner la cabeza sobre la almohada y quedar dormida de inmediato? Ignoro lo que es eso. ¿Dormir ocho horas corridas? Casi nunca me pasa, y cuando ocurre, me asusto y pienso que algo anda mal. Cuando llego a un lugar nuevo, esa primera noche no puedo dormir porque no conozco el lugar, los ruidos ni me acomodo a la cama desconocida. No puedo dormir en un cuarto completamente oscuro, siempre tiene que haber algo de luz reflejada del exterior.

Cualquier cosa, por minúscula que sea, me despierta de inmediato. Me puede despertar, por ejemplo, el olor de una cucaracha en el cuarto. Sí, el simple olor. O que se vaya la luz en la noche mientras duermo (cesan ciertos sonidos como la refrigeradora y ese cambio del sonido al silencio, me despierta). Tengo lo que se llama “un oído de tísico” pero también soy “la princesa del guisante”. Si la cama no está bien, no puedo dormir.

Mi peor crisis de insomnio duró seis meses y fue en 1987. Dormía un promedio de 3 a 4 horas, en una buena noche 5, cada 48 horas. Es decir, pasaba una noche en blanco, a la noche siguiente dormía un poco, y así.

Desde hace casi dos meses tengo otra crisis de insomnio. Aunque la verdad es que desde que vivo en Costa Rica, hace tres años y medio, duermo pésimo. Vivo junto a una calle conocida como “la Calle de la Amargura”, llena de cantinas que ponen música a todo volumen y que no terminan la parranda hasta las 2 de la mañana. Entonces los borrachos salen de los bares, suenan las alarmas de los carros, rugen motos, hay gritos, peleas, a veces hasta tiros. Pensar en dormir bien antes de las 3 de la mañana es una quimera. Además, tengo una cama de preso. Es decir, una cama tan angosta que no puedo ni dar una vuelta. Y yo me muevo mucho toda la noche al punto que no es raro que me caiga de la cama. Por eso siempre compro camas anchas, la más grande que pueda encontrar.

He probado todo tipo de yerbas y remedios para el sueño. He contado ovejitas y he repetido mantras hindúes que se supone garantizan el sueño. Nada ha funcionado. Y me niego a tomar pastillas, porque no creo en la medicina alopática.

Escribo esto al filo de una medianoche más en que el sueño es un animal al que acecho con paciencia desde la cueva de mi insomnio. Mientras espero, invento y me cuento a mí misma historias igual que hacía cuando niña, para distraerme. Quizás eso contribuyó para que fuera escritora, porque nunca duermo realmente bien y porque la noche exalta hasta la lucidez y el delirio la mente del insomne.



(Publicado ayer en Séptimo Sentido, La Prensa Gráfica de El Salvador. Por cierto, ya puede verse la revista en formato e-paper o pdf, algo que recomiendo, pues la diagramación de la revista es de primera).

lunes, agosto 04, 2008

El Diablo sabe mi nombre en Guatemala

present.jpg



Un libro escrito por una salvadoreña, publicado en Costa Rica, presentado en Guatemala por un escritor nicaragüense, ¿habría algo más centroamericano que eso? Fue la acertada reflexión que hizo Raúl Figueroa Sarti, presidendete de Filgua, en las palabras de inauguración formal del Encuentro de Escritores el pasado 28 de julio, minutos antes de la presentación de El Diablo sabe mi nombre.

Sergio Ramírez retomó un poco esa idea de Figueroa, señalando mis años de vivir en Nicaragua y que ya casi sólo me hacía falta irme a vivir a Guatemala también (algo que, lo dije en voz alta, no había que descartar...). Sergio hizo varios comentarios sobre el libro y algunos cuentos en particular.

En realidad lo que habíamos organizado inicialmente para después del comentario de Sergio, era un conversatorio con Javier Payeras y José Luis Perdomo (quien desafortunadamente, por motivos de fuerza mayor, no pudo asistir). Pero Payeras, escritor guatemalteco, optó por comentar también sobre cada uno de los cuentos.

El súbito e inesperado cambio de planes me dejó sin idea de qué decir y supongo que me vi más bien torpe y balbuceante, para lo cual se me ocurrió que, dado que todavía teníamos tiempo, podría leer un par de cuentos, cosa que hice. “El placer” y “Yo, cocodrilo” fueron los seleccionados.


Luego, vinillos de honor y firma de libros en el stand de Fondo de Cultura Económica, quien distribuirá los libros en Guatemala (para los guatemaltecos que lo busquen, podrán encontrar El Diablo sabe mi nombre en cualquier librería donde se distribuye FCE). Hablando con el representante de FCE en Guatemala, él viaja para El Salvador en la segunda quincena de agosto para llevar el libro. Estará disponible en La Ceiba y la UCA. La presentación la estamos preparando para fines de noviembre pues la haremos coincidir con otro par de cosas que ya se sabrán en su momento.




No sé por qué he regresado bastante torpe a Costa Rica. Fueron poco menos de 100 horas las que pasé en Guatemala, pero fueron bien fuertes para mí. Siento como que pasó un siglo, como que regresé a un lugar al que no reconozco (¿en realidad lo conozco?). La cabeza la tengo llena de impresiones y pensamientos, pero lo más difícil ha sido sentarme a escribirlas.

El insomnio allá me pegó bien pero bien duro y apenas dormí una o dos horas por noche. Demasiadas emociones supongo. Reencuentros, personas nuevas que conocí, nuevos amigos, amigos antiguos.

Me siento agotada, pero debe tener que ver con la gripe que me dio la semana antes de salir, el insomnio acumulado de los últimos 3 meses, el exceso de trabajo de los últimos 2 meses y esas 4 noches sin casi dormir en Guate.

¿La Feria del Libro? Bien en lo que cabe. No compré ni un sólo libro. En realidad, aunque me moví por los stands, no vi libros, admito. Uno, porque recién hubo la Feria del Libro acá en Costa Rica. Dos, porque no tenía dinero y andar viendo libros sin poderlos comprar me parece masoquista. Tres, porque cuando veo demasiados libros en un mismo lugar me causa angustia y luego empacho. Cuatro, porque tengo un cerro de libros pendientes por leer y estoy tratando de contenerme de acumular más. Pero hablaré más de la Filgua esta semana.



Guatemala es un lugar al que siempre he querido muchísimo. Por varios motivos. Guatemala es, por ejemplo, un lugar muy significativo para mi carrera de escritora. Fue donde gané mi premio más importante, donde tengo publicados un par de libros, uno de ellos en la ya mítica Editorial X (y qué orgullo me produce siempre haber podido ser parte de ese proyecto). El otro en Alfaguara, un paso sin duda importante para mí.


Pero además, Guatemala alberga amistades a las que quiero con un particular cariño, ése que se conserva intacto a través del tiempo, el espacio y el silencio. Sé también que en Guatemala hay gente que me quiere bien, gente que me quiere mucho y lectores que me han seguido la pista a través de libros, muchos de ellos pirateados, o a través del blog. Muchos se acercaron a decirme lo contentos que estaban de que volviera a publicar después de tanto tiempo.

En fin, para mí ir a Guatemala no es más que un viaje a la reconfirmación de mis afectos, un lugar en el que me siento querida, apreciada y amparada, y eso es mucho decir en un mundo tan árido, violento y seco.

A todas las personas que se acercaron a decirme cosas estimulantes sobre mis libros, a los que me contaron historias personales, a quienes intentaron complacer mis deseos (entre ellos un voraz antojo de mole de plátano que ya no pudo realizarse), a quienes no me encontraron o no quisieron acercarse por algún sentido de la pena o la timidez (no muerdo, lo juro), a todos los que estuvieron ahí nada más que porque gustan de mis libros, a los periodistas que me entrevistaron, a todos ustedes les doy un muy sincero y emocionado GRACIAS.



(En la foto, de izquierda a derecha: Óscar Castillo, editor de Uruk, Sergio Ramírez, yo y Javier Payeras).

jueves, julio 24, 2008

Refutación

En ADN.es, Antonio Córdoba hace una acertada refutación al planteamiento de Babelia de que la ciencia ficción está expirando.